*Por Viviana Torres Alfaro

Desde que el lunes 19 de octubre que no dejo de soñar. Desde que amaneciera con la noticia de que los hermanos bolivianos habían recuperado la democracia de la única forma en que debe hacerse: en las urnas, logrando sacar con sus votos a los golpistas que masacraron su pueblo con la violencia de las armas.

Esa gran felicidad que siento desde entonces, inevitablemente me los trajo a Belgrano, a San Martín y a Bolívar para interrumpir mis sueños pequeños. Héroes que allá lejos y hace mucho tiempo lucharon por conformar nuestra Patria Grande pero que fueron derrotados por los propios (ajenos en realidad) ya que ganaron los que sólo querían una Argentina empobrecida y dominada por el puerto de Buenos Aires.

En ese proyecto ni siquiera estábamos incluidos nosotros, los norteños, y es por eso que en 1812 ordenaron al General Belgrano replegarse en Córdoba a dejar el territorio del Norte argentino liberado a los realistas. Merced a la convicción de Belgrano y Güemes es que el norte es parte de Argentina. 

Así nos fue, todo el territorio alejado del puerto fue ignorado y subestimado. Un país con mente estrecha, pensando en lo inmediato, nunca pensando en que la grandeza se construye generando crecimiento para todos.

En estos días Ecuador nos hace tener la ilusión que el mapa de la unidad latinoamericana puede encaminarse con su incorporación al proyecto de la Patria Grande.

Lamentablemente  esta ilusión está en  dudas, atento que la derecha neoliberal no acepta perder otra de sus “conquistas”, la que obtuvo con la traición de Lenin Moreno al ex Presidente Rafael Correa, quien lo llevara con sus votos a la presidencia.  El candidato progresista ha ganado la elección pero debe ir al ballotage. Final abierto.

No hay dudas que el tablero de ajedrez para la conformación de la Patria Grande se disputa país por país. La historia recorrida por América en su esfuerzo por la unidad siempre estuvo marcada por las conspiraciones del imperialismo norteamericano y esto no es una teoría conspirativa. La historia respalda esta realidad.

Perón fue un impulsor de la idea de la Patria Grande, proyectó la unidad da Argentina, Brasil y Chile, con el tratado denominado “ABC”, un acuerdo de unión de las economías regionales. Por esos años Getúlio Vargas gobernaba Brasil y Carlos Ibañez en Chile. Perón  e Ibáñez  firman el Acta de Santiago de Chile en el año 1953. Pero el Tratado nunca se concretó debido a que Vargas informó a Perón que no contaba con el apoyo político  para hacerlo.  Obviamente por las presiones de la oligarquía  y las fuerzas armadas brasileñas. Luego el 24 de Agosto de 1954 el presidente Getulio Vargas se suicida y en su carta suicida expresa “.., Más de una vez las fuerzas y los intereses contra el pueblo se coordinaron y se desencadenaron sobre mí. No me acusan, me insultan; no me combaten, difaman de mí; y no me dan el derecho a defenderme. Necesitan apagar mi voz e impedir mi acción, para que no continúe defendiendo, como siempre defendí, al pueblo y principalmente a los humildes. Sigo lo que el destino me ha impuesto. Después de décadas de dominio y privación de los grupos económicos y financieros internacionales, me hicieron jefe de una revolución que gané. Comencé el trabajo de liberación e instauré el régimen de libertad social. Tuve que renunciar. Volví al gobierno en los brazos del pueblo. La campaña subterránea de los grupos internacionales se alió con grupos nacionales revolucionarios contra el régimen de garantía del trabajo…”

 Al año siguiente  Perón es derrocado por el golpe de estado del año 1955.

En agosto de 1968 Perón en su libro “La hora de los pueblos” en el Capitulo IV titulado: La integración latinoamericana, en uno de sus párrafos expresa: …por eso seguimos trabajando por estas uniones, porque ellas deberían venir de los pueblos. Nosotros tenemos muy triste experiencia de las uniones que han venido por los gobiernos, por lo menos, ninguna en ciento cincuenta años ha podido cristalizarse en una realidad.

 Por la historia que hemos transitado los pueblos de  la América del Sur es que en pleno 2021, con el mundo castigado ferozmente por la pandemia, propongo pensar en probar el otro camino, el que nunca se ha probado, a ver si, desde abajo, podemos influir de manera determinante para que esas uniones se realicen. Es decir, que los pueblos seamos protagonistas de la unidad.

Cuando llegaron Néstor y Cristina nos llevaron tan cerca de esa meta, que creímos que la íbamos a alcanzar, ellos nos recordaron que los pueblos latinoamericanos podíamos estar unidos. Obviamente que, con los golpes blandos, los lawfaires y el golpe tradicional con armas en Bolivia, nos volvieron a atomizar. Por lo acontecido en nuestra historia reciente (y porque el aislamiento de nuestra rutina nos invita a imaginar escenarios futuros y a repensar nuestro pasado) advierto que si hoy utilizamos la expresión “Patria Grande”, a una importante porción de nuestros compatriotas les surge la idea de unos “zurdos” que quieren copar los “Estados libres”. Obviamente porque los grupos dominantes han logrado demonizar la expresión. Por ello, es indispensable transmitir con claridad que cuando pensamos en una región engrandecida en realidad buscamos nada más y nada menos que la unión de los estados latinoamericanos. Que con esa unificación podemos convertirnos en un bloque que sin dudas conformaría una potencia. Tenemos todo para lograrlo: trabajadores, alimentos, agua, petróleo, gas y ahora litio.

Bolivia conquistó su democracia nuevamente, mañana podrá ser Ecuador, Chile, luego Brasil, Paraguay, Uruguay, ¿qué nos impide soñar con ir por más?

El Gral. Perón decía que tenemos un gran desafío, probar el otro camino, hacer que nuestros pueblos latinoamericanos sientan la necesidad de unirse para llegar a ser un actor con fuerza suficiente de modo de participar del escenario internacional de igual a igual con los poderosos del mundo. Si los que habitamos el continente latinoamericano pudiéramos imaginar ese futuro, la unión sería posible.

Con absoluta sinceridad debo confesar que siento que la tarea es enorme porque debemos no sólo trabajar con nuestros vecinos en el proyecto sino porque lo más difícil será persuadir a nuestro propio pueblo. Recordemos que primero fuimos colonizados por España, Inglaterra y luego por Estados Unidos de Norteamérica. Y que estos últimos nos llevaron a la convicción que somos pueblos de raza inferior, corrupta y ni siquiera estéticamente aceptable porque no somos ni rubios ni de ojos celestes.

Muchos de nuestros compatriotas creen que participan de la mesa del primer mundo cuando no pertenecemos a Europa ni a Estados Unidos. Debemos repensarnos, e internalizar que no somos europeos ni vistos como tales y sentir el orgullo de ser latinoamericanos. Recordemos que ni siquiera nos consideran americanos pues los estadounidenses se auto denominan “americanos”. Están convencidos que nosotros no somos americanos, somos latinos y es tan real ese concepto que construyen un muro en el limite con Méjico para frenar la migración latina.

Como expresaba el ex presidente Trump explícitamente sobre nuestros hermanos mejicanos: gente con problemas que trafican drogas, crimen y violadores a Estados Unidos.

No hace muchos años atrás constituimos la UNASUR, la Unión de Naciones Suramericanas, cuya unidad implicaba contar con una población de más de 400.000.000 habitantes, lo que representa el 68% de la población de América Latina. Qué atrevimiento, cómo se nos pudo ocurrir conformar un bloque regional, que nos otorgaría la fuerza de una potencia frente al mundo conformado en bloque y con potencias ya instaladas. Esa unión, implicaba una integración cultural, política, económica y social. El fortalecimiento de nuestras soberanías políticas e independencia económica. Imaginen el importante mercado que generaba, para los propios intercambios comerciales, culturales, científicos y desde ahí para con el mundo. Con recursos propios potenciar un mercado interno, con banco propio sin necesidad de tener que acudir a ese FMI, que luego en su condición de acreedor viene a dirigir nuestras políticas económicas y con ello determinar la pésima calidad de vida de nuestros pueblos.

Un proyecto de Unión de Estados Latinoamericanos no hay duda que nos transformaría en un actor estratégico en la política mundial. Eso es la Patria Grande

Proyecto que, sin dudas, transformaría la vida de nuestros pueblos y permitiría a nuestra gente vivir una vida con más y mejor vivienda, trabajo, salud, educación achicando las asimetrías. Simplemente una vida con dignidad humana, la vida que merecemos todos los habitantes de Latinoamérica y del mundo.

Romper esa barrera cultural y reconquistar nuestra identidad y nuestro sentido de pertenencia, sería el gran triunfo de estos tiempos. 

Y de mis sueños.

 

*Por Viviana Torres Alfaro

Abogada MP 3131

Integrante área Democracia, ampliación y radicalización  del IEFI

Sub Sec. de Iguadad de Oportunidades de  UTI