por Ezequiel Pelliza Goicochea

Imaginate que los comunistas (o los socialistas, los peronistas, los radicales, ponele el color que quieras) se organizan y deciden abrir varias escuelas privadas a lo largo y ancho del país para difundir su ideología: sus referentes, obras, principales sucesos históricos, etc. Los que no aceptan las enseñanzas de Marx o Lenin, por ejemplo, recibirán los llamados de atención y sanciones que los directivos consideren pertinentes.

Además de las materias convencionales que se dan en las demás escuelas, se dictará una (también obligatoria) que se llamará “Comunismo” (o la ideología que hayas elegido al principio) y tendrá como principal bibliografía de referencia al famoso “Manifiesto del Partido Comunista”, al cual no se lo podrá cuestionar, sino limitarse a repetir sus oraciones a modo de verdades reveladas.

La hoz y el martillo deberá ser un símbolo en el cual todos los estudiantes se deben sentir identificados, ya que sus referentes murieron por esa causa y por todos nosotros.

Antes de ingresar a las aulas, se cantará el himno nacional y La Internacional, levantando el puño izquierdo en el momento indicado.

Vos andá imaginando…

Para la inscripción, siendo una escuela privada, se ponen algunos requisitos: los niños deben afiliarse al Partido Comunista (o al partido cuya ideología hayas elegido al comienzo) (preferentemente al nacer, para no tener complicaciones ni retrasos al inscribirlo en el jardín y/o primer grado), asistir a sus cursos/talleres de formación, movilizarse (marchar) cuando se lo requiera para conmemorar determinadas fechas o por algún otro motivo, etc.

Para que dichas escuelas otorguen certificado oficial, se necesita tener el aval de las autoridades estatales. Se hacen los trámites necesarios y se consigue.

¿Te imaginás si esto fuera posible? ¿Te parecería una locura? ¿Pensarías que los padres y los docentes estarían adoctrinando a los pibes? ¿Gritarías: “¡Con los chicos no!”? ¿Levantarías tu voz reclamando que la política debe estar afuera de la escuela?

Bueno, ahora hagamos lo siguiente: vas a volver a leer la nota. Pero, en lugar de hablar de comunistas (o quienes hayas elegido), hablemos de católicos (o la religión que prefieras). En donde dice “Marx o Lenin”, leé “Dios o Jesús”. La materia “Comunismo”, reemplazala por “Catequesis”. La principal bibliografía, obviamente, ya no es el “Manifiesto…”, sino la “Biblia”. La hoz y el martillo ya no será el símbolo de referencia, sino la cruz. Al ingreso, no se cantará La Internacional, sino el Padre Nuestro, y no se levantará el puño izquierdo, sino que se hará la señal de la cruz. En cuanto a los requisitos: en vez de la afiliación al Partido, se requerirá el bautismo del niño. En lugar de la asistencia a los cursos/talleres de formación, se pedirá que se tome la comunión y la confirmación. Las movilizaciones ya no serán marchas, sino visitas a la iglesia.

Es decir, en vez de ser una escuela orientada hacia una ideología política determinada, que sea una escuela orientada hacia una ideología religiosa determinada…

¿Te imaginás?