Por  Félix González Bonorino

“Apretá el reset” dicen los técnicos por teléfono cuando te quieren sacar de un problema con tu computadora. ¿Les suena?

El botón de RESET se usa para relanzar los sistemas operativos, los programas y, si los santos manuales del sistema cumplen con sus predicciones, tendremos todo andando más o menos como queríamos.

Por eso es tan interesante la metáfora que adoptó el Foro Económico Mundial (FEM)-DAVOS 2021. Los poderosos del mundo decidieron mandar un mensaje y lo hacen adoptando aquel término informático que habla de “resetear”, recomenzar. Ha habido un problema con nuestro “sistema operativo” y, ante la enorme crisis que ha significado la pandemia del COVID-19, creemos que es conveniente proceder a un “Gran Reseteo”. The Great Reset.

Lo primero que tenemos que reconocer es que tienen razón en que el sistema funciona mal, solo que sospecho que no pensamos que funciona mal por las mismas razones.

Los 3 ejes de trabajo que va a encarar el FEM son:

  • Orientar al mercado hacia una economía más justa.
  • Asegurar que el conjunto de grandes inversiones sean hacia objetivos consensuados. Más que recuperar el modelo de negocios anterior, invertir en el modelo de negocios del futuro.
  • Aprovechar la Cuarta Revolución Industrial y sus innovaciones para fortalecer al sector público, en especial en salud y servicios sociales.

La 4ta Revolución Industrial es un término acuñado (¿comercialmente?) por Klaus Shwab, fundador y Secretario Ejecutivo del Foro Económico Mundial. Justamente.

Es también el título de un libro del mismo autor, escrito en 2016, que al estilo de “La Tercera Ola” de Alvin Toffler, 1980, nos propone adentrarnos en el futuro a través de la prospectiva.

Es un gran decálogo (en realidad 21 casos) indicando a dónde la tecnología estaría impactando en la sociedad. Los llama “los puntos de inflexión”. Esto es diferente a considerar hacia dónde van los avances científicos.

Lo que evalúa son cuestiones técnicas como el Auto sin chofer o la Construcción 3D, todas salidas de un informe anterior del FEM (2015) y que puede interesar a los empresarios, pero solo parcialmente a los diseñadores de políticas públicas, ya que los grandes desafíos no están presentes. Por ejemplo, la palabra Pobreza  se encuentra solo 3 veces en todo el libro, Democracia solo una. La palabra hambre NINGUNA.

Años antes, 2010, la Fundación Rockefeller (FR) elaboró el Documento “Escenarios para el Futuro de la Tecnología y el Desarrollo Internacional”, que sería retomado en DAVOS 21. En este caso con una propuesta más abarcativa.

La planificación por escenarios es una de las más interesantes maneras de imaginar el futuro. Se comienza definiendo las “Incertidumbres Críticas”. Es decir se eligen entre un montón de variables sociales, ambientales, culturales, económicas, tecnológicas, etc. aquellas que pueden tener más impacto en el destino de lo que se está planificando.

La elección de estas variables no es neutra y dado que el modelo exige que solo consideremos las dos más determinantes, su selección es fundamental. La FR eligió:

  1. Alineamiento político y económico
  2. Capacidad Adaptativa.

La primera habla de la habilidad que tiene un Estado, grupo de estados e incluso conglomerados empresarios de integrarse (alinearse) al modelo internacional vigente. Por un lado estarán los sectores, espacios, tendientes al libre mercado y del otro los proteccionistas. De un lado estarán aquellos grupos “integrados” a sistemas internacionales de regulación de los conflictos, del otro aquellos separados de estos sistemas, a los que define como Regímenes con escasa capacidad de gobernanza.

La segunda se refiere a las capacidades que tiene los estados, grupo de estados e incluso conglomerados empresarios para enfrentar los cambios y adaptarse eficazmente. Tener esta capacidad significaría tener la posibilidad de reaccionar positivamente a los cambios que ayuden al desarrollo de su comunidad como a rechazar lo contrario.

Así tenemos sociedades cuya tendencia a “alinearse con la política y la economía global” es alta y otras que no. Por el lado de la segunda variable, están las sociedades con mayor capacidad adaptativa y otras con menos capacidad.

Es lógico que optaran por estas variables, porque la tecnología fue su lema y la pregunta focal que se plantearon fue: ¿Cómo podría la tecnología afectar barreras que impiden construir resiliencia y desarrollo equitativo en el mundo en desarrollo en los próximos 15 o 20 años?

Si el foco hubiera estado centrado en las políticas públicas, y no en la tecnología, tal vez  se hubieran construido escenarios que contemplaran la crisis alimentaria, sanitaria y política que operan como sustrato de las verdaderas crisis modernas.

Cuando juntamos DAVOS-21 con Fundación Rockefeller vemos que conceptualmente el uno apoya al otro. Tampoco es casualidad. La Fundación Rockefeller participa de DAVOS.

El discurso preparatorio del Foro Económico Mundial está lleno de palabras generosas hacia las sociedades, entonces se habla de integración del colectivo LGBTI, contaminación ambiental, desempleo y fuerza de trabajo, etc. Pero cuesta pensar que quienes han concentrado la riqueza del mundo como nunca antes en la historia de la humanidad, ni siquiera cuando había solo algunos reyes sobre el planeta la riqueza estuvo tan concentrada, digo, que cuesta creer que de golpe vayan a considerar la posibilidad de revertir el flujo de sus utilidades, ni siquiera a reducirlo.

La crisis del 2008 los agarró desprevenidos y sin embargo lograron ejercer la presión suficiente para que, sacrificando algún banquero descarriado a modo de “Vaca Sagrada que entregamos”, los gobiernos principales salieron a rescatar a los mismos Bancos que habían generado la crisis.

La actual crisis sanitaria originada en el COVID-19, más allá de sus cientos de miles de muertes, no es la exclusiva causante de la crisis de la economía mundial.

Nos olvidamos rápidamente de los boicots cruzados entre EEUU y la RPChina. De la pérdida de competitividad de la primera potencia mundial. De los escarceos militares entre China, Rusia y EEUU, aun antes de la pandemia y como Trump utilizó la pandemia para seguir atacando a China de todas las maneras posibles. Nos distraemos de la crisis del petróleo de febrero 2020, cuando el precio del petróleo se hundió al fondo de las cotizaciones por el choque entre Rusia y Arabia. De Corea del Norte y sus misiles o de Siria y sus ciudades destruidas.

Pero a diferencia de la cuestión geopolítica que es seguida por un pequeño número de personas, la muerte de tus seres queridos, o la amenaza de ella, atraviesa las sociedades y habilita a instrumentar acciones que antes no podías. Te da un escenario donde plantear cambios que eran imposibles antes.

El mundo se ha desquiciado, las finanzas lo han desquiciado. La deuda global hoy alcanza los 260 billones de dólares, lo que triplica el Producto Bruto Global y si tomamos en cuenta el Mercado de Derivados la situación es peor, porque allí deuda supera los 600 billones de dólares. Es decir que la economía financiera anual equivale a 9 veces lo producido por todos los países del mundo. ¿Cómo imaginar que el sistema está en orden cuando la representación fiduciaria excede en tanto su activo representado? ¡Y se nota!

China es el principal acreedor mundial y sus principales deudores son los EEUU, en Bonos de su Tesoro. La tensión está instalada.

Y en el medio de esto aparece la pandemia que cuestionó el sistema capitalista por su ineficacia social. Los sistemas privados de salud mantienen una ocupación de camas que maximiza las ganancias. Es decir que en condiciones normales, sin pandemia, camas no sobran. Entonces, la capacidad de atender emergencias queda a cargo de los estados nacionales y algunos estados no están en condiciones de hacerlo.

El impacto económico directo deriva principalmente de dos hechos, la detención de la circulación de personas, con todas sus implicancias y la detención casi instantánea del consumo a gran escala y su encadenado productivo, todo a caballo de la crisis internacional someramente descripta como recordatorio un poco más arriba, hizo de esta situación la tormenta perfecta. La descripción de esta tormenta en términos emocionales habilitó al Foro Económico Mundial a plantear este proyecto The Great Reset, con el que comenzamos hablando.

Dicho crudamente, esta iniciativa se puede plantear hoy sobre el dolor de la población que mira absorta a la puerta de los hospitales y dice: “¡SI, por favor, hagamos algo!”

Naomi Klein escribió un tremendamente documentado libro “La Doctrina del Shock, El Auge del Capitalismo del Desastre” Paidos, 2008. En este libro nos cuenta cómo el capitalismo internacional aprovecho o creó crisis nacionales y locales, para desencadenar a través de las mismas, transformaciones que fueron negativas para esas comunidades. Chile en el 73 o Irak en ’91 son descriptas con gran detalle, así como Argentina, Polonia y una decena más, donde el proceso es el mismo. Y el resultado también lo es. La internacionalización de los factores más competitivos de la economía; granos, minería, energía, entre otros.  El cambio del control de los resortes económicos de burguesías locales o del empresariado nacional, por multinacionales patrocinadas por gobiernos del primer mundo, en general los EEUU. De esta manera se procede a la concentración de los capitales en un puñado de capitalistas globales que se han apropiado del trabajo y de los recursos del resto de las naciones.

40 años instrumentando esta metodología permite hoy comenzar a trabajar para la instalación de una crisis global que requiera de un planteo también global, una ideología transnacional y una propuesta que convenza que “ellos”, los técnicos no los políticos, pueden aportar la solución necesaria. Por eso la metáfora del “Reset” es tan poderosa. Por un lado refiere a una cuestión tecnológica, nos sumerge en ese mundo de la informática que muy pocos conocen y que mediante un botón todo comienza a “repararse”, cosa de expertos, no nuestra. Por el otro, nos remite a una situación del pasado (que siempre fue mejor), a algo conocido y por lo tanto un lugar seguro. Nos retrotrae a nuestro buen momento, en que todo andaba bien, hasta que “el sistema se interrumpió”. Pero, incluso antes de la pandemia, el sistema no andaba bien, pregúntenle a los wichís de Salta por ejemplo.

El Foro Económico Mundial no plantea eso. Propone un cambio en los paradigmas de relaciones internacionales, de relaciones de poder entre estados y dentro de los estados, de vinculación con la tecnología, tecnología dominada por los grandes capitales concentrados y que al final fortalecen la dependencia. No contempla las múltiples realidades de un mundo estallado en mil facetas, cada una con sus luces y sus sombras. El Gran Reset es una nueva versión de dominación, a construir con el beneplácito de los explotados de hoy, para ser más explotados mañana.

Clausewitz decía que la estrategia es el arte de doblegar la voluntad de lucha del enemigo y el éxito más absoluto es convencer a tu adversario, de que vos sos su mejor alternativa. Incluso mejor que él mismo. Para eso cuentan con sus cipayos locales, soldados a sueldo que irán al frente de batalla/pantalla por un salario.

La crisis eco-financiera-estratégica internacional del llamado “Mundo Desarrollado” quiere ser resuelta con el perfeccionamiento de un sistema de dominación que supere al neoliberalismo reinante. Una Tecnodominación que avanza arrasando: Del The Great Reset en Davos solo podemos esperar más concentración de la riqueza, mayor exclusión consecuente.

 

Y desde esta mitad sur del globo terráqueo, no puedo evitar recordar esa canción que habla de la resistencia a la subordinación de nuestros pueblos.

Con su gesta invasora
El norte es el que ordena

 

Pero aquí abajo, abajo

Cada uno en su escondite

Hay hombres y mujeres

Que saben a qué asirse

Aprovechando el sol

Y también los eclipses

Apartando lo inútil

Y usando lo que sirve

Con su fe veterana

El sur también existe

Benedetti-Serrat