por Eduardo Dalter

EL VIEJO TREN

Saludo a Count Basie
y a Carl Sandburg

Por estas mismas vías
pasaba el viejo tren.

Desde las brumosas factorías
los obreros lo saludaban

como a una aparición
de lo lejano
con los sueños y los ojos.

Por estas mismas vías,
atravesando barriadas

somnolientas y alambradas,
pasaba el viejo tren

echando densas bocanadas
contra el cielo

como un duende
que va rasgando el silencio

con un eco dolido
de trombón y clarinete.

Por estas mismas vías,
poco antes del amanecer,

pasó como una estrella
repentina,

pañuelo de gasa al cuello,
ancho sombrero

y barbilla siempre levantada,
la bella Chick Lorimer,

con una pequeña maleta,
un perfume, un libro,

y como una exhalación
de lo innombrable.

Por estas mismas vías
pasaba el viejo tren.

Brooklyn, junio, 1998

 

EPIGRAMAS PARA OLVIDAR UN DÍA

Tu amado llega
en la madrugada a la estación
casi desierta, enciende un cigarrillo
y mira la hora.

Los perros duermen
sobre cartones, bajo el largo alero,
o debajo de los bancos
vacíos y entre sombras.

Será un día prometedor,
se dice pensativo y echa humo
mientras recuerda
haber cruzado el puente,

recuerda haber cruzado
la noche, la alta noche,
con camiones abandonados
en las playas de cantinas y de hostales.

La historia lejana se repite,
pero nunca es ni será la misma,
decimos mientras va clareando,
y el tiempo lento nunca cesa,

cuando vos acaso ya estás
en camino y preferís recostarte,
estirar los pies y cerrar los ojos
o ver la carretera un momento…

Todo respira, palpita, todo va
al encuentro, en lo que será
un día una historia lejana
que nadie jamás sospechará.

Buenos Aires, 24/25 de abril, 2018

 

CARACOLES SOBRE LA REPISA

Yo nunca jamás viví en Güiria ni pernocté
en Irapa
ni conocí las remotas costas de Macuro,
aunque estas fotos desteñidas me desmientan.
Tampoco comí carne asada con yuca en los
bordes
del Manzanares, en las noches tibias del Caribe,
aunque por años estuvieran sobre la repisa
tres extraños caracoles y una moneda que
alguien
tomó por suya y se llevó. Tampoco regresé
en la mañana
un día nublado de octubre o de noviembre:
pareciera
en verdad que siempre estuve aquí, entre estas
ocho paredes, también desteñidas, mirando
cómo la vida imagina, alumbra y nos sopla
como a una hoja que el viento esconde
finalmente
en algún paisaje donde nunca llega el sol.