Hombre pequeñito (Alfonsina Storni)

Hombre pequeñito, hombre pequeñito,
Suelta a tu canario que quiere volar…
Yo soy el canario, hombre pequeñito,
déjame saltar.

Estuve en tu jaula, hombre pequeñito,
hombre pequeñito que jaula me das.
Digo pequeñito porque no me entiendes,
ni me entenderás.

Tampoco te entiendo, pero mientras tanto
ábreme la jaula que quiero escapar;
hombre pequeñito, te amé media hora,
no me pidas más.

 

por Carlos Resio

El mediodía se presenta húmedo y caluroso, camino ensimismado por la plaza San Martín de Posadas después de uno de mis trámites laborales y ahí están, esperándome, dos cajones con paltas enormes, ¡a diez cada una jefe! dice él, ¿cuántas lleva? dice ella y corre solícita desde la sombrita donde estaban sentados, los dos. Él ni se movió de su sombra, ella corre. ¡De Ituzaingó son, jefe! sigue hablando él mientras ella embolsa las tres paltas que se llevan mis últimos treinta. Los dejo a ella y a él mientras me imagino, a ella, con una caña bajando las paltas que él le señala desde la sombrita en su patio de Ituzaingó.

Cosa natural aún por estos pagos, ella corre, él sentado. Pequeño gesto lleno de significado. Cada vez menos pero todavía resiste. Se lo puede ver en todos los ámbitos, incluso en sutiles actitudes mías que ni bien descubro intento corregir, creo que voy bien en esa tarea. ¿Será el miedo, el de él, a defraudar a su madre? ¿Será, el de ella, el de dejar una jaula confortable? La verdad no tengo respuesta y no me animo a opinar y, aunque tengo algunas ideas me siento con poco derecho a hacerlo. Eso sí, disfruto cuando les veo encontrarse y reconocerse en las mareas incontenibles y revolucionarias que son los movimientos de mujeres y otros géneros que me animan a presagiar un mundo mejor, con ellas codo a codo.