Por Alejandro Mosquera.

En la columna anterior analizamos previo al golpe en Bolivia que el neoliberalismo no agonizaba, sino que el cuadro de situación en la región está marcado por “…una etapa de puja fenomenal en todos los terrenos, políticos, económicos, culturales, institucionales entre el modelo dominante y formas de lucha diversas con presencia de millones de personas, partidos, organizaciones y colectivos que cuestionan el dogma y sus resultados y construyen y desean un modelo alternativo.”

Los hechos posteriores en tan poco tiempo muestran la veracidad del análisis y del conflicto que vivimos.

Por más que lo nieguen desde el gobierno, ha quedado claro que hubo un golpe de estado perpetrado por las viejas élites que siempre gobernaron Bolivia antes de Evo. Y que a toda costa querían terminar con la experiencia democrático popular. Es un golpe de estado apoyado y respaldado por el Gobierno de EE. UU. y donde jugo un papel cómplice y legitimador el secretario general de la OEA.

La represión al pueblo, la detención de opositores, la cacería policial a muchos dirigentes sociales, campesinos e indígenas, la censura y persecución a periodistas, los intentos de proscribir al MAS, los llamados a una venganza clasista y racista muestra claramente el sentido del golpe. A la vez aparece el papel de la policía y las fuerzas armadas en la preparación y ejecución del golpe de estado.

Los actores y responsables del golpe, los apoyos de Trump o el Senador de Florida Marco Rubio, el respaldo de la ultraderecha regional con Bolsonaro a la cabeza, la complicidad de Almagro y de las grandes cadenas de medios para justificar el Golpe y ocultarlo, tienen un hilo conductor discursivo:  la “defensa” de la democracia.

En el reino de la pos-verdad, los que demuelen las instituciones, vacían o violan las constituciones, desconocen el voto de las mayorías quieren presentarse como republicanos y restauradores de la ley. La batalla por esclarecer los hechos también es una batalla por el significado de la democracia y por su defensa.

La desastrosa y cómplice posición del gobierno nacional, contrasta con la valentía y justa actitud del presidente electo. Alberto ha tenido una posición digna y solidaria, que a la vez es continuadora de valores comunes de los argentinos frente a los golpes de estado.

Algunas enseñanzas para tener en cuenta

  • El proyecto democrático popular no solo necesita tener la habilidad de ganar elecciones, también debe construir una estrategia de poder que permita dar sustento a las transformaciones, como a mejorar la democracia y sus instituciones.
  • Que la idea de que ya se habían terminado en la región el ciclo de golpes y de una participación de las fuerzas armadas en la política parece ingenua. Y que se necesita una política nacional de defensa y del rol de las FFAA ligadas a la soberanía y al respeto por la constitución y parte del proyecto nacional independiente. También que no es la primera vez que las policías juegan un papel golpista o desestabilizador de la democracia. Y que la falta de reformas democráticas o directamente la vuelta a los pactos de autogobierno policial que llevó adelante Cambiemos, la subordinación a la DEA, son parte de un problema que no hay que minimizar. La necesidad de una transformación del sistema de seguridad, tanto para su profesionalización y mejora del servicio que debieran cumplir, como para afirmar el papel de conducción civil y política de las fuerzas es clave para no permitir su utilización para conspirar contra los gobiernos democráticos.
  • Que es necesario sostener la máxima participación ciudadana, no solo en el momento electoral, sino en la vida cotidiana y en la participación frente a los problemas que nos deja el neoliberalismo. Que una idea de que en “los nuevos tiempos” la democracia se define en los sets televisivos o en una gestión “técnica” del estado sin organización del pueblo, sin construir canales para un poder democrático moderno y participativo, no solo es ingenua frente a la realidad dura que vive la región, sino que es funcional a la anti política y al nacimiento de fuerzas de ultraderecha.

  • Que no estamos frente a fenómenos políticos endogámicos de cada sociedad, sino que hay una estrategia regional, un cambio en las políticas de EE. UU. sobre la región ante las pujas que se presentan en el mundo entre los distintos bloques. Y una perspectiva donde la utilización de recursos naturales como el litio va a ser creciente para las grandes potencias y por lo tanto de lograr gobiernos sumisos a sus intereses estratégicos.
  • Que el racismo, la xenofobia, la discriminación, la construcción de enemigos en el otro, incluidos algunas organizaciones religiosas sostenidas desde el poder mundial, son parte de un fenómeno transversal en el mundo, y en el cual se apoya el crecimiento de fuerzas de ultra-derecha. Y creer que Argentina esta inmunizada no solo es no leer la realidad, sino desarmarnos frente a la presencia de émulos de Bolsonaros en nuestro país.

Los pueblos de la región están dando batalla, es una puja que no tiene definición, y es difícil ver lo que se avecina, si que la experiencia que se esta haciendo va a impactar en la conciencia de nuestros pueblos. Y que Argentina, nuestra democracia, y el gobierno de Alberto y Cristina pueden jugar un gran papel por la paz, la democracia, la convivencia y el desarrollo en la región.

“Instrúyanse, porque necesitaremos de toda nuestra inteligencia; Conmuévanse, porque necesitaremos todo nuestro entusiasmo; Organícense, porque necesitaremos de toda nuestra fuerza”. (A.G.)