por Carlos Resio

 

“Disculpe el señor, se nos llenó de pobres el recibidor . . .”

Joan Manuel Serrat

Atardece y hace una hora que no llueve. A cántaros desde la madrugada, el agua no dio tregua.

Frente a la casa de gobierno, un grupo de unas 20 familias de campesinos esperan ser atendidos por algún dignatario, 5 días. Son tareferos, trabajadores a destajo que viajaron desde Obera a Posadas para reclamar una ayuda que no llega. Llegaron el lunes y ocuparon la plaza con sus cosas cambiando el paisaje habitual del centro posadeño.

Una bandada de gurises corretean chapoteando en charcos que dejó el aguacero entre papeles de abrigo que desparrama el viento mientras los mas grandes tratan de conseguir alguna moneda entre los transeúntes. Debajo de los toldos improvisados humean las ollas negras donde preparan el reviro que completará un yerbeado para la cena, también almorzaron eso. En uno de los canteros están sentados Luis y Ramona que me cuentan que hace 3 meses terminó la última zafra y no tienen ingresos desde entonces. Que en la tarefa, Luis recibe $900 cada 1000 kg y que descontados sus gastos de comida poco le queda para llevar a su casa y nadie los atiende para decirles algo acerca de la demorada entrega de tarjetas sociales y el programa de trabajo que les prometieron.

Me despedí y se quedaron sin hablar, con la mirada larga, sin aliento. Frente a ellos, a no más de 10 metros, una familia consume helados en una mesa en la vereda y el vendedor de paraguas vuelve a abrir su caja. Vuelve a llover y apuesto mi casa contra medio kg de yerba que Luis y Ramona son hijos de tareferos que ya ocuparon la plaza con el inicio del siglo.

En Misiones 15000 tareferos, el 70% sin registrar y la mitad sin ningún tipo de cobertura, cosechan el 55% de la yerba mate que se produce en el mundo en condiciones deplorables y donde el trabajo infantil es la regla.