Por Fernando Basso

De pronto, pasamos de monumento a la elusión, a la evasión, al contrabando y a la corrupción, a una empresa de utilidad nacional. 

¡Saludamos la hora!Los que apoyamos al Frente de Todos y militamos en él con esperanza y expectativas, apostábamos porque la política se reivindicara a sí misma, ¡y de esta forma!

¡Volvimos mejores!

Si bien tuvimos una muestra acabada de ello frente a la situación inesperada e inimaginable de la pandemia que tiene en vilo al mundo, cuando sin ningún reparo se decidió, por sobre cualquier otra determinación, cuidar la vida humana asumiendo los costos del deterioro económico y social que ello provocaría, esta decisión de salvar y nacionalizar a la empresa Vicentin, renueva nuestras mejores esperanzas e indica que estamos en buenas manos. 

Los motivos expuestos en el DNU firmado por el Presidente de la Nación, dejan claramente expuesto que esta decisión no es una reacción espasmódica, una medida desmesuradao ilegal o, mucho menos, que su gobierno esté animado por una ideología estatizante propia o residual.

A todas luces es una decisión meditada que tiene objetivos precisos, pensados seguramente para intentar favorecer a la totalidad del pueblo argentino, además es, a no dudarlo, una decisión política que provoca una explosión en la imaginación de los que creemos y aguardamos desde hace añares una oportunidad como la que aquí se nos presenta, de hacer las cosas de otra forma, esta vez, en una empresa significativa de nuestro comercio exterior.

La firma ex-Vicentin resultante, será una empresa que reemplazará su núcleo de sentido basado en los intereses particulares y pondrá en su lugar al bienestar general, lo cual nos brindará a [email protected] la inestimable oportunidad de desentrañar (nunca mejor aplicado el término) las acciones, manipulaciones e ilegalidades que, se sospecha, desarrollan ésa y otras empresas de ese sector.

Como en el caso de la totalidad de las empresas hoy estatales que se fueron recuperando desde 2003 a la fecha, ella también nos llenará de orgullo y en muy pocos años, en base al imperio de la lógica de la búsqueda del bien común como única premisa, la ciencia aplicada a la innovación y la producción y el cuidado del medio ambiente y, fundamentalmente, al desmembramiento de la perfecta maquinaria de elusión, evasión y contrabando en que se habría transformado ese grupo empresarial.   

Para los argentinos, la expropiación y puesta en función al servicio de la utilidad nacionalde Vicentín, es algo más que la conformación de una empresa testigo o el fiel de alguna balanza que mida ingresos de divisas. 

Es la posibilidad invaluable de estudiar el comportamiento aduanero y la mecánica comercial y logística internacional de las transnacionales del agronegocio, algo que entusiasma casi desmedidamente. 

Sabemos y entendemos que los grupos empresariales agroexportadores funcionan como “enclaves multinacionales” y que, por su peso específico y operatividad global, no responden a ninguna antigua lógica “nacionalista”. 

Sus negocios son inextricables porque se cuidan de que los “Estados” no aniden en sus entrañas. Es por ello que ésta es una oportunidad que no debemos dejar escapar sino transformarla en una nueva causa nacional.

El manejo efectivo de la comercialización internacional de las mercaderías del “agronegocio” a esta altura del desarrollo capitalista está “históricamente cartelizada” y sus flujos globales son un resultado diagramado no solo en base al juego de la oferta y demanda global, ya que no sólo depende de las existencias derivadas del resultado de las cosechas o del grado de aplicación de la genética o tecnología desarrolladas para ese fin, sino de un orden político internacional trazado en los primeros años de la segunda posguerra mundial que sigue operando sin interferencias “soberanas” y a la pervivencia de oscuras guaridas fiscales que reciben el producto de la ilegalidad de buena parte de este negocio mundial.

Pensar el agronegocio en términos de grupos de empresarios “nacionales” es una distracción en la que no debemos incurrir. Como tampoco nos debe desalentar el hecho de que Argentina sólo significa el 3% del comercio internacional global y que, por ello mismo, nuestra política o sociedad no  podrían hacer otra cosa más que resignarse.

Al contrario. Un Estado soberano preocupado por el trabajo y la salud de sus connacionales, por la remediación de su medio ambiente y el desarrollo integral de la sociedad que lo legitima debe, inexorablemente, desentrañar las prácticas de las actividades que atentan contra todo ello y, desde el ejercicio pleno de sus responsabilidades, readecuar todo y encauzar su intervención normativa, fiscal y/o estratégica allí donde se encuentran las fuentes distorsivas de aquellas actividades.

Gozando del abrigo que le propicia la incansable prédica de un ejército de deformadores de opinión y profesionales del comercio exterior con lustre auto bruñido, esas compañías quedan revestidas de una pátina de efectividad que les provee cierta inmunidad temporal. Pero aun así, con ello no logran encubrir acabadamente ni las sempiternas sospechas de ilegalidad que pesan sobre los jugadores del sector, así como tampoco se deshacen fácilmente de su responsabilidad por la irracional y criminal desertificación, el envenenamiento del suelo y subsuelo de todos los argentinos que implica la producción a gran escala de las mercaderías que comercializan, o la patológica internalización de precios externos que eterniza una injusticia absoluta en la mesa de [email protected] [email protected] y distorsiona todas las dimensiones de nuestra economía.

Por lo dicho, podemos vislumbrar que hasta que el Congreso nacional se expida transitaremos un escenario belicoso, donde todavía las mejores espadas de la reacción empresarial conservadora no hicieron sus movimientos, quizá porque no terminan de despertar luego del impacto profundo y aterrorizador que les provoca esta saludable y necesaria medida patriótica del gobierno nacional.

Gracias al ejercicio pleno de la legalidad constitucional, la iniciativa ya está en manos de la representación política legítima y la letra de la Constitución Nacional es respetada en vista a todos los mandatos que ella contiene y, en este caso, muy específicamente respecto del aporreado y vapuleado Artículo 4º. 

Con la expropiación propuesta y posterior puesta en función de “utilidad nacional”, la ex – Vicentin será también un puente y un ejemplo que posibilitará un cambio cualitativo y cuantitativo de la potencial oferta exportable argentina, algo nunca bien ponderado y mucho menos propiciado por el egoísmo de sus actores principales.

Cuando los argentinos cristalicemos este anhelo, entre otros muchos beneficios, lograremos:

  1. Asegurar el mandato constitucional plasmado en el Articulo 4º, dado que se proveerá mejor a los gastos de la nación con un significativo aumento por el concepto de los injustamente demonizados “derechos de exportación”, y se transformará inmediatamente en una “empresa de utilidad nacional” con múltiples derivaciones virtuosas;
  2. Testificar fehacientemente respecto de la dimensión de las cosechas exportadas en base a la aplicación de los correctos medios y protocolos sobre su peso y volumen en el momento de la carga efectiva, así como por la trazabilidad del precio internacional obtenido, lo cual impacta por igual en la recaudación arancelaria y en el flujo de divisas asociado;  
  3. Controlaremos de manera dual “estatal y privada” las operaciones en uno de los puertos más importantes de la Argentina (Rosario), lo cual implica una declaración de independencia respecto de las presiones y distorsiones propias de las agrupaciones interesadas;
  4. A mediano plazo, se develará la compleja e intrincada trama de la comercialización internacional de granos,  respecto de su ilegal e inmoral sistema de comercialización que tiene como objeto eludir o evadir impuestos a nivel global y desviar y esconder ganancias en paraísos fiscales, lo cual servirá como insumo invaluable para la Argentina fronteras adentro, y  también para nuestra participación en los distintos organismos internacionales que entienden en la materia (Organización Mundial de Aduanas, OMC, Etc.) y luchan contra el flagelo de la criminalidad financiera y comercial mundial;
  5. Quebrar la lógica de internalización de precios externos teóricos. La aplicación, fronteras adentro, de una nueva lógica comercial derivada de suma de costos propios (y verdaderos) con más los de una tasa de ganancia razonable, será, además de justo, una “medida” para el resto de las empresas que comercializan por igual dentro o fuera de nuestras fronteras. Los argentinos, a la hora de adquirir sus alimentos, conocerán el verdadero precio y desaparecerá definitivamente la excusa de la mentirosa pérdida de oportunidad de realizar ideales “exportaciones potenciales” que terminaron siempre por “normalizar” (aunque a regañadientes) la aceptación de comprar fronteras adentro al mismo precio que lo que se paga en el exterior;  
  6. Asimismo, podremos empezar a resolver los problemas de “escasez” permanente o estacional también inducido por aquel desmedido “lucro empresarial” y posición oligopólica dominante. Un aumento sostenido de demanda deriva en una disminución de los precios internos de las mercaderías sucedáneas. La variedad de las producciones de la empresa asegura que esta intervención opere inmediatamente en el mercado de harinas, aceites y carnes, entre otras; 
  7. Podremos “acoplar” a la cadena de comercialización propia de la ex – VICENTIN “otros bienes” de origen argentino amigables con el medio ambiente y la necesidad de la mesa de [email protected]@s, complementarios y/o alternativos a los diseñados por la controversial manipulación genética (por lo menos mientras ello dure);
  8. Podremos comenzar a recorrer el camino de la remediación de la flora y fauna autóctonos, así como el de detener la desertificación descontrolada y animada por las compañías internacionales del agronegocio, por la simple vía del estudio del origen de las cosechas, su control con otros organismos de los Estados nacional o provinciales y el de la comercialización de otros productos alternativos igualmente demandados en el exterior pero en condiciones productivas con certificación orgánica; 
  9. Aumentar el número de personas (físicas o jurídicas) y cooperativas exportadoras por la vía de una asociación estratégica con la nueva empresa pública;
  10. Reimpulsar la industria naviera y revivir a la flota marina mercante, mediante la realización de convenios de transporte internacional;

La restitución de la fe perdida en el Estado arraiga en la potencia de la inteligencia y compromiso de sus funcionarios y agentes públicos.

Y así como con todo lo que nos proponemos, esta vez, no será distinto.