por Miguel Núñez Cortés 

 

La madre tierra y San Patricio

Y se acerca el 1° de agosto. Seguramente nos reunirá a los porteños como cada 17 de marzo, en las calles de Palermo, Retiro y microcentro en homenaje a San Patricio.

Quedó demostrado que los porteños somos capaces hasta de vestirnos de verde en honor al santo patrono de los irlandeses, como si estuviéramos en Dublín,  Wexford o en Dunmanway, en el condado de Cork. Ignoramos tanto a la Pachamama como al Leprechaun irlandés. No se sabe qué inopia es peor.

Nuestra  Pachamama y las principales ceremonias en su honor  se realizan al inicio de la siembra y la cosecha, y en las marcadas y señaladas de la hacienda. Es la principal deidad femenina. En la cosmogonía indígena andina, la lluvia es macho y la Pacha es hembra, es por eso que las semillas se empreñan cuando llueve.

Para los quichuas es la Madre Tierra, diosa máxima de los peruanos, bolivianos y del norte argentino. Dicen los estudiosos que Pacha es universo, mundo, tiempo, lugar, mientras que Mama significa, precisamente, madre. Es una de las tantas festividades de los pueblos nativos que suceden desde el 21 de junio (equinoccio de invierno), fecha en la que se celebra el Inti Raymi, la fiesta del sol.

Conjuro quechua

“Pachamama, santa tierra Kusiya, kusiya! Vicuña cuay, Amá mi naicho, Kusiya, kuisya!”.

Antiguo verso quechua-castellano, que se traduce literalmente: 

“Pachamama, santa tierra ¡Haz que nos vaya bien! Danos vicuñas y no nos las mezquines. Danos fortuna y no nos hagas enfermar. ¡Haz que nos vaya bien!”

 

La caña y la ruda “versus” la cerveza

Ya sea por superstición, miedo, prevención o simple tradición, cada 1° de agosto muchos argentinos toman caña con ruda. Son algunos tragos y siempre en ayunas, como homenaje a la Pachamama.

En el noroeste y noreste argentino, los mayores juran que esos pequeños tragos prolongan la vida, espantan la mala suerte, promueven alegrías y despojan a la gente de los malos augurios. Es una mezcla de caña blanca paraguaya o ginebra con hojas de ruda, una hierba calificada como medicinal por sus excelentes efectos en el aparato digestivo y también en el circulatorio.

La tradición se remonta al parecer a los indios guaraníes, que ya habrían reconocido las capacidades medicinales de la ruda macho, utilizada internamente con éxito contra los parásitos y determinados malestares gastrointestinales y externamente para calmar el ardor y la irritación de picaduras de bichos y alimañas. La ruda, por otro lado, según la creencia popular, es una planta que no debería faltar en ninguna casa, pues se la concibe como un verdadero conjuro contra las malas ondas, la envidia ajena y la mala suerte.

La tradición del pueblo gallego: la queimada

Todo el ritual de preparación está dirigido a alejar a los malos espíritus y a las  meigas  que es el nombre que se da en Galicia—y en zonas colindantes de León y de Asturias  a la bruja o a la hechicera cuyo cometido es «megar», esto es, «enmeigar», que hace el bien y es capaz de deshacer los conjuros maléficos y el mal de ojo de las «bruxas»  que, según la tradición, acechan a los hombres y mujeres para intentar maldecirles ya sea por diversión, por venganza, por algo que han realizado anteriormente, o por cualquier otro motivo. 

Sus ingredientes principales son el aguardiente y el azúcar, a los que generalmente se les añade: corteza de limón o naranja.

Los comensales se reúnen alrededor de la queimada, para animar los corazones y estrechar los lazos de amistad. Uno de ellos se encargará de darle el toque final levantando con un cucharón el líquido en llamas y dejándolo caer poco a poco en el recipiente mientras pronuncia el conjuro, lo que crea un ambiente muy especial.

Se pone en el cucharón solo azúcar y se coloca sobre la queimada hasta que este se derrite convirtiéndose en caramelo que se vierte sobre las llamas y se remueve… dándonos la llama azul de la queimada.

Conjuros de la queimada: aptos para cualquier lugar de la Tierra

No solo los ya citados para la Pachamama, incluyendo la caña y la ruda, también hay conjuros en las tradiciones del pueblo gallego y su queimada; pronuncian un largo recital, que bien vendría como imprecación contra los males del «mundo mácrico» que tantos estamos padeciendo:

“[…] Búhos, lechuzas, sapos y brujas;
Demonios, duendes y diablos;
espíritus de las vegas llenas de niebla,
cuervos, salamandras y hechiceras;
rabo erguido de gato negro

y todos los hechizos de las curanderas»

¡Fuerzas del aire, tierra, mar y fuego!
a vosotros hago esta llamada:
si es verdad que tenéis más poder
que los humanos,
limpiad de maldades nuestra tierra
y haced que aquí y ahora
los espíritus de los amigos ausentes
compartan con nosotros esta queimada […]”