por Alejandro Mosquera

El dólar se aquieta, pero el rechazo al gobierno sigue en crecimiento. La recesión se hace sentir, pero desde el oficialismo aclaran que no llegó a su pico. El presupuesto se debate y el FMI exige su aprobación. La cuasi oposición no quiere quedar pegada al ajuste, pero no quiere desairar al Fondo. La oposición expresa su rechazo político y social, y busca que quede claro quien y que se vota.

El poder real, o los componentes del bloque de poder hegemónico debate entre sus alas como sobrevive el modelo y sus súper-ganancias después de las elecciones del 2019. Macri, Vidal y Larreta son meros instrumentos, ninguno es visto como un líder, mucho menos de ellos. Pero sería un error creer que el presidente es un inepto político.

La posibilidad de la derrota electoral del presidente alarma al poder, la vereda del medio del peronismo ha sido reducida por la polarización de la política en el país. El peronismo macrista no logró adhesiones importantes. La mirada vuelve a estar puesta en los herederos de Cambiemos. Solo como parte de esa reflexión se puede entender la campaña de los grandes medios por despegar a Vidal de Macri. La idea de una crisis entre ellos es parte de los intentos para que el costo político del ajuste+inflación+recesión no la pague la “heredera”. Quieren volver a la idea de un Macrismo con rostro humano. En esa estrategia Vidal no es presentada como socia del ajuste del presidente y el ejecutivo nacional encabezado por Peña-Dujovne, sino como víctima. Se la muestra entonces tratando de elevar el gasto social, asociarse con algunos movimientos sociales, vinculada a la Iglesia Católica y los evangelistas.

Dos problemas aparecen en el horizonte. Si la gobernadora de la provincia simula demasiado su irresponsabilidad en las políticas económicas oficialistas debilita al presidente, donde hay que sumar la presión de Carrió en sus disputas con Angelici por ver quien maneja desde Cambiemos a la “justicia”, muestra la perdida de autoridad del primer mandatario. Un gobierno sin conducción agravaría aún mas la situación económica y política del país.

El segundo problema para esta estrategia del poder de sobrevivencia pos-2019 es que Macri no es De La Rúa.  No es un personaje desechable. Y juega también a promocionar y sostener que no hay Macrismo sin Mauricio. Si el presidente se deteriora demasiado el problema es que arrastra igual a Vidal y un poco menos a Larreta. El presidente y su jefe de gabinete desconfían de los acuerdos de Vidal con Massa, porque teme ser el pato de la boda.

Los analistas políticos que recorren los programas de radio y televisión vinculados o que tienen como fuente al equipo de Peña y Duran Barba sostienen que el gran logro político del gobierno es mantener dividido al peronismo. La primera idea que me invade es no recordar desde que comencé mi vida política un momento donde no estuviera dividido. No por la vieja idea de que “nos estamos multiplicando”. Sino porque creo que miran al peronismo como un partido similar al radicalismo, donde dividido unos congresales quedan de un lado, dirigentes enfrentados en bandos antagónicos, y que de ultima se debilitan al estar separados. Sé que esta idea tiene una profunda empatía con el sentido común que imagina la unidad  como una suma de dirigentes, o grupos, aunque tengan proyectos que se repelen. Es decir la creo una idea/visión ingenua, o intencionada por el relato oficial, o (perdón) una pavada.

El problema del movimiento nacional y popular es que tiene que construir un nuevo bloque histórico, amplio, con intereses en pugna en su seno, y que debe ser articulado por la política. Y en ello no significa la vieja idea de programa, pero si una propuesta de país, de rumbo, no solo de devolución de derechos, sino de los caminos y medidas que proponemos para el país, para todas/os/es.

Una nueva mayoría no es un logo,  una denominación y un candidato. Un frente amplio no es solo cambiar el nombre ahora por un Frente patriótico. Sino concebir y articular esa Confluencia nacional y popular que necesitamos para derrotar a los neoliberales, y luego gobernar transformado en un sentido de igualdad y justicia.