por Alejandro Mosquera

La pulseada dentro del oficialismo respecto al desdoblamiento de las elecciones tuvo un final claro: Macri disciplino a María Eugenia. La gobernadora quería sacarse de encima el collar de plomo que significa el presidente. Sabia del riesgo que significaba que se entendiera la votación separada como un conflicto que anunciaba el fin del PRO. También pesó la billetera del gobierno nacional y el Hada buena utilizó las diferencias para renegociar el aporte de Nación a la Provincia. Esa será la letra negra e invisible del acuerdo que los grandes medios ocultarán con miles de fotos de Macri, Vidal y Larreta juntos.

La oposición después de varios años donde una parte prefería darle “gobernabilidad” se fue disponiendo a dar una batalla para mostrar que Vidal es una de las socias mayoritaria de Cambiemos y el desastre que nos dejan las políticas nacionales (Paco Durañona dixit). Ahora el Hada mala ató su suerte al presidente. La definición no vocalizada es “Soy Macri”. Y el presidente también fue claro no hay Cambiemos ni PRO sin él, es decir. Después de Macri el diluvio para los pro y radicales.

El presidente se deteriora ante la opinión publica, incluidos sus propios votantes, sin embargo, controla la conducción de la alianza gobernante. En las actuales circunstancias no hay PRO sin Macri. Y una derrota de Macri en las elecciones de octubre/noviembre puede desestructurar totalmente sus filas, y la derecha se verá en la necesidad de reorganizar sus fuerzas.

 

La casa opositora

Urtubey, Massa, Pichetto no logran hacer pie para construir un Peronismo alternativo. Sin tener una columna importante en la provincia de Buenos Aires es muy difícil que pueda ser una fuerza determinante a nivel nacional. Siguen buscando un candidato como si el problema estuviera allí, y por eso levantan y utilizan a Lavagna, y no en la política de colaboración con el programa Macrista que han llevado a cabo en estos años.

En la tradición de las fuerzas políticas, para disimular la responsabilidad de no ser “comprendidos” o respaldados por el pueblo, la culpa está en las fallas de comunicación, en el candidato, en el fraude, en el aparato, en la billetera. Nunca en la política que se llevó a cabo.  El cuasi-oficialismo también discursea sobre la unidad, pero se “venden” como los que pueden dividir el voto popular opositor.

La tendencia a la unidad del peronismo y el kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires potencia dos efectos positivos para la oposición real, por un lado, crea un canal apto para que millones de ciudadanas/os/es se puedan expresar con contundencia y a la vez incide nacionalmente debilitando la división que se promueve desde el oficialismo. Avanza la idea que la formula provincial debe representar a toda la provincia y a todos los sectores sociales, económicos y políticos que son victimas del programa neoliberal, y que se necesita debatir sobre la base de una programática del país y la provincia.

La agenda pública que domine el escenario es parte esencial de la pulseada entre oficialismo y oposición. Queda en claro que el gobierno intentara sacar de la cancha el debate sobre la situación social y económica, ocultar la catástrofe que provocaron con el auxilio de los grandes medios, utilizar a Comodoro Py para intentar poner a la defensiva a los candidatos del frente amplio patriótico. Utilizaran el miedo como eje de su campaña tanto en seguridad como en lo financiero. Volverán una y otra vez a que este es el único camino. Y tratarán de que el debate electoral transite por los grandes medios y en las redes, y que no haya protagonismo popular. Agudizarán la grieta, el anti-peronismo y el anti-kirchnerismo, y promoverán la idea de que todos son iguales como promoción de la anti-política.

La política en las redes, si bien tiene un costado de protagonismo horizontal, por otro nos segmenta y levanta murallas. Así terminamos debatiendo entre los que pensamos igual o parecido, y silenciando al diferente.  Así la grieta estimulada desde el poder sirve para aislar a los llamados grupos duros de la polarización, como si fuéramos dóciles seres no pensantes, especies de fanáticos sordos.

El espacio nacional y popular se mueve entre aceptar la agenda que imponen los grandes medios bajo el lema de que uno no da las batallas en el terreno que quiere sino en el realmente existente, y quienes buscan instalar el debate sobre las políticas macristas sus efectos y el plan de salida del infierno que nos dejan.

En el medio de esa puja también se expresa la disputa por el rumbo del Frente opositor y del próximo gobierno popular. Todos son conscientes del lugar que nos dejara el Macrismo, altísima desocupación, pobreza que supera el 33%, niveles mas altos en las franjas jóvenes, endeudamiento masivo, aparato productivo profundamente debilitado, fuga de capitales records, desigualdad social y regionales, pero a partir de ese piso se discute el camino, el programa, la velocidad de las medidas a tomar.

La cuestión para esta columna es si se resolverá con el protagonismo de millones de argentinos. Sin él las condiciones de transformación se reducen. Con él y con conducción se podrán derribar los muros que construyeron estos Ceos y destructores del estado y la sociedad. Allí esta el desafío.