por Dario Forni

Los antropólogos se queman los ojos intentando buscar universalidades de la cultura humana y en ese contexto es muy interesante analizar lo  que, en la actualidad, ese objeto de estudio que es la  cultura,  tiene en el futbol,   una actividad cultural, muy cercana a la universalidad.

Son pocas las culturas de los diferentes países que no hayan caído en el futbol, ya que el negocio de la globalización necesita que este deporte negocio se difunda masivamente para lograr más beneficios a sus participantes necesarios, desde los jugadores hasta los negociadores más encumbrados y sin dejar de lado a los habitantes que también, además de ser necesarios consumidores, pueden incorporar a su manera de buscarse la vida el sentido que, a esta práctica, se le da en su sociedad.

Y es en el sentido que se le da a este deporte negocio el punto que nos demuestra si somos una sociedad con una vida resuelta o más bien una con la vida en continua pelea por las necesidades básicas o por no caerse de la pertenencia deseada.

Una sociedad con la vida resuelta utiliza al futbol para descargar emociones que la rutina no permite desahogar.

Esa rutina aburrida y sin grandes emociones por su organización con alto grado de previsibilidad, permite poco o nunca una alegría o una tristeza que pueda desahogarse desde la emoción.

En esa sociedad el consumidor del futbol negocio, va a la cancha a dejar su rutina, a dejar su emoción, a dejar su represión social y vuelve a su casa renovado.

En términos más académicos, ir a la cancha tendría el sentido de ir a una sesión de psicología donde la catarsis nos permita volver a la rutina sin esa pesada carga de represión emocional que tal rutina organizada para nuestros objetivos de vida, no nos permite soltar.

El no poder gritar al jefe, o no poder reaccionar emocionalmente ante lo que consideramos una injusticia o creemos que merece un grito o malas palabras es el ejemplo de lo apuntado, mientras que en  la cancha si se puede soltar y gritar, y llorar de alegría o de tristeza.

Pero  en la vuelta, ya en la rutina, este momento no tiene un sentido cultural de pertenencia, es algo olvidado como toda emoción impulsiva.

Olvidado no significa que no se recuerde, sino que ese momento será uno más, algo que alguna vez hicimos sin mayor importancia.

Es en este punto donde el futbol negocio encuentra su mayor diferencia entre las vidas resueltas y las no resueltas.

En estas últimas, ir  a la cancha no tiene el sentido de des represión social de la rutina que organizamos para darle previsibilidad al estilo de vida que nos permite conseguir nuestros objetivos, sino que forma Sociedades con vidas resueltas versus sociedades con vidas no resueltas

parte de una cultura de pertenencia.

Es decir no vamos a dejar en la cancha nuestra emoción, sino que traemos de la cancha lo que en ella se provoca.

No dejamos nuestra emoción reprimida en ese lugar, sino que traemos desde ese lugar la emoción que lo que ahí ocurra nos provoca, para encarar la rutina con el entusiasmo o tristeza que ese hecho nos deja.

Por lo tanto, con este sentido, muchas veces este hecho no solo no nos des reprimirá sino que nos frustrará, como un elemento mas de nuestra rutina.

Nuestras vidas no resueltas no nos permiten tener racionalidades u emociones que ocupen  un lugar más importante que el ánimo que nos da o nos quita el ganar o perder un partido del futbol negocio.

Cuando se llega a casa, en vez de pensar si puedo cambiar el auto, o más aún, si en mis tiempos libres puedo entender porque pasan algunas cosas en mi realidad, para crecer intelectualmente o hasta encontrar puntos filosóficos más profundos de reflexión, debo pensar en que el mes que viene no puedo perder lo que a regañadientes se alcanzó este mes.

Esa sociedad de vidas no resueltas no nos permite saber , previsiblemente, que el mes que viene podré tener lo mismo que este mes, desde cualquier ángulo que lo analicemos y mucho menos saber que mi vejez estará en ese contexto actual.

Más bien, esas sociedades nos indican que el futuro, será peor que este mal presente.

Como se verá, las consecuencias de cada sociedad son totalmente diferentes, y sus culturas le darán un sentido absolutamente diferente a la misma acción, en este caso el futbol negocio.

Es un tema que da para un análisis mucho más profundo y con otras variables puede demostrarnos el motivo por el cual el futbol negocio es una herramienta para gobiernos que le mienten a sus votantes, pero para terminar  me resulta más útil afirmar algo que quizás paso desapercibido.

La calificación del futbol, llamado deporte como futbol negocio.

En una sociedad sin vidas resueltas el futbol negocio y al formar parte de una cultura de pertenencia y no de des represión emocional, tiene una estructura de legitimaciones que influye en la sociedad y se funcionalizan mutuamente, formando marcos de ética y de normalidades sociales profundas que, además de influir en el ánimo con el que se enfrenta la vida misma, permite usar herramientas sociales que en otros lados no parecen tan legitimas.

Y estos marcos de legitimación social incluyen a todos, aun a aquellos que el futbol negocio no los ha afectado o que al darse cuenta prefieren dejarlo de lado.

Además, es mucho más fácil encontrar héroes del futbol negocio en estas sociedades que en las otras, héroes que dejaran sus vidas privadas como tales para ser figuras exclusivamente públicas.

Vidas públicas que contribuyen, en el círculo de relaciones, a profundizar una cultura emocional, sin marcos de racionalidades donde surjan los objetivos de vida.

ES decir, groseramente, son sociedades donde  la felicidad pasa por ganar un partido del futbol negocio, en vez de poder tener la tranquilidad del futuro, y por ese motivo, este futuro también dependerá de cómo salgan los partidos en aquellos años.