Un recorrido por la muestra Xul Solar.Panactivista en el Museo Nacional de Bellas Artes*

 

Por Florencia Mártire

-Viaja a Europa sin rumbo en una búsqueda artística-espiritual – dice la guía, después de leer una cita en la que el propio Xul Solar se revelaba como un incomprendido en la sociedad argentina de principios del siglo XX.

Es domingo y acaba de arrancar la visita guiada de las 16, en el Pabellón de muestras temporarias del Museo Nacional de Bellas Artes, donde se exhiben 188 piezas de la obra de Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari, bajo la curaduría de Cecilia Rabossi. Alrededor de cuarenta personas, de edades variadas y hasta familias enteras, rodean a la guía que se abre paso entre el resto de los visitantes del Museo que no dejan de ingresar.

Fue en 1912, con 24 años –cuenta la guía-, cuando Xul Solar dejó los estudios formales de la carrera de Arquitectura para embarcarse en un viaje que lo llevó al viejo continente, donde trajinó de ciudad en ciudad. Enseguida, señala un cuadro en el que se ve a Xul Solar retratado por otro pintor argentino, Emilio Pettoruti, de quien se hizo amigo en Europa, mientras indagaban juntos en las vanguardias artísticas de la época. Así, observó diferentes movimientos que lo llevaron a crear un estilo muy personal. Más adelante, asoma una reproducción de la invitación a su primera muestra, en Milán, al lado de una serie de pinturas realizadas en acuarela y témpera, en las que el visitante inexperto ya empieza a descubrir las inquietudes del artista, y sobre las cuales todo maestro podría explicar gustoso la teoría del color.

“Admiraba a Turner y a Paul Klee y tenía, en mil novecientos veintitantos, la osadía de no admirar a Picasso”, escribiría, tras la muerte del artista, su amigo Jorge Luis Borges. El nombre del escritor no tarda en aparecer en los pasillos, al mencionar el regreso de Xul Solar y Petorutti a Buenos Aires en 1924, con la intención de ser parte del grupo vanguardista dispuesto a producir un cambio en todos los frentes del arte argentino. En las paredes de la sala, se observan dibujos e ilustraciones de sus colaboraciones en las revistas Martín Fierro (en la que Borges escribía) y PROA (la cual fundó), y hasta una foto gigante en blanco y negro del grupo que llevó adelante semejante cometido.

De a poco, el visitante se adentra en la faceta astrológica de Xul Solar, y se encuentra con una pintura en acuarela del horóscopo del escritor Manuel Mujica Láinez, y con las cartas astrales de Petorutti, del poeta Oliverio Girondo, y de los escritores Victoria Ocampo y Leopoldo Marechal dibujadas en fichas. Así, la caramadería se extrapola a los trabajos de unos y otros, y Xul Solar se convertirá, en 1948, en el astrólogo Schultze del libro Adán Buenosayres de Marechal.

 

“Subamos mais aun”

En las paredes del Pabellón, se replican figuras precolombinas, serpientes, escaleras al cielo, el yin y el yang, soles, dependiendo la etapa. Además, instrumentos y notas musicales encriptadas en los lienzos, porque Xul Solar tenía también un interés musical que vinculó al lenguaje visual, buscando plasmar la melodía en sus obras. Y viceversa: puede verse en el pasillo un piano que perteneció a su mujer, y cuyas teclas pintó con diferentes colores para facilitar su aprendizaje.

“Subamos mais aun” nombró a uno de sus cuadros y en él pintó, además de esa frase, “Nokedaré. Mi vuelo infinito será”. No es que fuera bruto para las letras, entre sus muchas facetas estaba la de “escribidor”. El motivo es que inventó dos lenguas artificiales: el neocrillo, de alcance regional, y la panalengua, de expansión mundial. En un punto porque era políglota (supo el alemán y el italiano desde pequeño, luego el francés y el ingles, y así ad infinitum), detectó debilidades en las composiciones y en los usos (al inglés lo calificó de “caprichoso”, se lee en un manuscrito de su autoría tras una vidriera en la sala). Entonces se atrevió a soñar con dos lenguas contenedoras, que unieran a “Nuestra América” y al cosmos en su conjunto. Que unieran…

Siempre se descubre la presencia de una obsesión en la criatura artística, diría el escritor cubano Alejo Carpentier, sea objeto o cosa, idea, símbolo, mito, imagen. “Son estas obsesiones, estas torceduras, las que hacen del artista un sujeto apto a determinadas revelaciones, haciéndole ver al desnudo, en el mundo de la realidad, riquezas que, para la mayoría de sus semejantes, se ocultaban bajo la patina de lo cotidiano”, escribió en sus Crónicas Caribeñas. Y, según transmiten desde la Fundación Pan Klub-Museo Xul Solar, este creador encontró en el arte una forma de expresar tolerancia y universalidad. Y así…

– Una ascensión espiritual – destaca la guía.

En las paredes del Pabellón, las banderas de distintos países se reproducen en un mismo lienzo, conviven entre estrellas y lunas y colores. Sobresale una multicolor: es la expresión de la fraternidad. Las ciudades que Xul Solar creó, entendidas como “espacios habitables”,  buscan alcanzar el cielo, a veces con escaleras, otras mediante flechas y picos de montañas, a través de algún objeto que se eleva, o mediante todo eso en simultáneo. Hasta pintó una ciudad flotante en Vuel Villa.

Prefijo  <<pan>>

– No hay ganador ni perdedor, es para generar experiencias – relata la guía, mientras los visitantes asoman sus cabezas sobre la vitrina que resguarda el panjuego. Las experiencias remiten a construir palabras, desarrollar ideas, crear poemas o canciones, entre otras infinitas posibilidades que se derivan del juego elaborado por Xul Solar.

El panjuego es, de cierto modo, una recreación del ajedrez, que consta de un tablero de ciento cuarenta y cuatro casillas, con muchas piezas e infinidad de colores. “Cada vez que me lo explicaba, sentía que era demasiado elemental y lo enriquecía de nuevas ramificaciones, de suerte que nunca lo aprendí”, escribiría Borges, frente a la complejidad de la invención que el artista compartía con su círculo de amigos.

También Marechal se refirió a él, y sintetizó su esencia: “En ese juego de la existencia universal entramos todos como piezas en movimiento, y somos alfiles, peones, caballos o reyes. Cada pieza responde a su destino inalienable. […] Cada uno puede jugarlo, como en la vida, según sus propias y determinadas posibilidades: frente al tablero, el astrólogo moverá sus planetas, el matemático sus guarismos, el alquimista sus elementos y el jugador común la tabla cambiante de sus acciones y reacciones”.

La visita continúa alrededor de las grafías plastiútiles, que son escrituras plásticas con un mensaje moral, y de los títeres (de un tamaño mayor al de cualquier ser humano) asociados a las figuras del zodíaco, pensados para un teatro para adultos.

En el eje “Lo místico, lo esotérico y lo oculto”, se exhiben las cartas de tarot creadas por Xul Solar y los signos del zodíaco pintados en todo su esplendor. Allí, también se aborda su inmersión en la orden ocultista, tras conocer al maestro inglés Aleister Crowley, y la escritura de “San Signo”, el libro de símbolos en el que anotaba sus visiones, que después tomaban forma de dibujos y pinturas.

En eso, <<pan>>, ese prefijo que significa “totalidad”, se revela como la concepción que engloba el proceso creativo constante de Xul Solar, tanto por su mirada e intención de alcance universal como por el abordaje integral e infinito de sus inquietudes. Dice un fragmento de Adán Buenosayres de Marechal, donde es interpelado el astrólogo Schultze, alter ego de Xul Solar:

<< Calvo y gordinflón, estudioso y tranquilo, el ingeniero Valdez tenía clavados en Schultze sus penetrantes ojos de cobra.

-Usted anda innovándolo todo -le advirtió-. Primero el idioma de los argentinos, después la etnografía nacional, ahora la música. ¡Ojo! Ya lo veo con una llave inglesa en la mano, queriendo aflojar los bulones del Sistema Solar.

-El Gran Demiurgo -le respondió Schultze- nos da el ejemplo al modificar incesantemente su obra.

Pero Ethel Amundsen volvió a castigarlo en el muslo.

– ¿Sabe lo que a usted le pasa? –dijo-. Que posa de genio. El demonio de la originalidad lo atormenta día y noche.

– ¿Original, yo? – repuso Schultze con el aire del más perfecto asombro. >>

 

 Aquí, su estela dejó

“Este no me gusta”, le dice una chica a sus dos amigas, frente a la pintura Coral Bach, una de las pocas de la muestra en blanco y negro. “¿Y qué pasaba si tenía que pintar un rostro?”, le pregunta un hombre a su señora. “Se parece a la F de Facebook”, se ríen un grupo de niñas, señalando una de las piezas del panjuego, colgadas a la vitrina. También están quienes, enmudecidos, se quedan cautivados por una obra, aquellos que anotan en sus cuadernos y los que se acercan a leer las descripciones con minuciosidad.

Terminada la visita, la mayoría vuelve a recorrer la exhibición por su cuenta, hasta que, antes de las 20, los guardias comienzan a invitar a los visitantes a retirarse. Todavía nadie quiere irse. Además de generar un estímulo per se, por las formas, los colores y la mística que despliega, Xul Solar.Panactivista despierta curiosidades. La muestra lleva a un artista de esta calaña, cada vez más estudiado, al alcance de la sociedad en general. La mayoría de las obras exhibidas pertenecen a la Fundación Pan Klub-Museo Xul Solar, institución dedicada a preservar y difundir su obra. Allí, sus trabajos se pueden ver permanentemente. Quizá por un equilibrio cósmico, el Museo Xul Solar queda en Laprida 1212 y 1214, a solo cinco cuadras del Museo Borges, ubicado en Anchorena 1660.

El próximo 14 de diciembre se cumplirán 130 años del nacimiento de Xul Solar, en San Fernando, provincia de Buenos Aires. Ese fue uno de los disparadores para efectuar esta muestra. Luego de haber paseado entre las cartas astrales y los signos del zodíaco que pintó, se vuelve inevitable sacar cuentas. Era de Sagitario, con razón Borges lo recordó “como un hombre feliz, creativo e inteligente”; un espíritu libre. Y nació en 1887, Cerdo de Fuego según la astrología china; un ser apasionado, de un ímpetu y un heroísmo poco frecuentes en su especie -dice en la red-, capaz de llevar adelante sus planes con invariable determinación… “podrá alcanzar los logros más elevados o hundirse en los abismos más profundos de la degradación”. No hay dudas sobre qué parte de esa dicotomía desarrolló. En esta vida y luego de ella, mediante la trascendencia de su obra y también por fuera de ella, Xul Solar subió más aún… y su vuelo infinito será.

 

*La muestra Xul Solar.Panactivista podrá verse en el Pabellón de exposiciones temporarias del Museo Nacional de Bellas Artes, hasta el 18 de junio, con entrada libre y gratuita.