LOS NADIES, EDUARDO GALEANO

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de
pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a
cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni
mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho
que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se
levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la
vida, jodidos, rejodidos.
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la
prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

por Carlos Resio

foto Marcos Otaño

 

Ya no pude pagar el alquiler señor, no tengo trabajo y debí elegir entre alimentar a mis hijos o alquilar.

– Vinieron por el río con una lancha gigante y como 5 colectivos llenos de policías. Nos rompieron nuestras cosas, perdimos todo.

– Me hicieron sentar delante de lo que era mi casa para que vea como la rompían toda, me quedó solo este bolsito.

– No tengo documento porque mi papá no me quiso reconocer. Ahora cuando voy al hospital no me quieren atender y me maltratan porque no tengo. . . el asma me agarra a cualquier hora y más viviendo así.

– Yo peleo por mis hijas que gracias a Dios van a la escuela porque, lo que es por mí, yo ya no tengo esperanzas. (Acoto que quien me dice esto no tiene más de 30 años y ya no ve futuro para ella)

Escuché estos testimonios de integrantes de un grupo de unas 20 familias desalojadas de un terrenos de propiedad de la EBY (entidad binacional Yacyretá), de la municipalidad de Posadas y de dos propietarios privados a orillas del arroyo Mártires de la ciudad de Posadas en cercanías del llamado acceso oeste de la ciudad que están acampando con sus ínfimas pertenencias en la plaza 9 de Julio. Es un campamento miserable de desesperados, de olvidados, de invisibles que recogen apenas algún gesto solidario cuando no una diatriba descalificatoria de los transeúntes o de algún propietario que reclama, por televisión, su “derecho humano” de propiedad de la tierra como inversión (especulación).

No hace mucho, la zona rivereña, sin urbanizar y carente de servicios básicos, a un paso del centro de la ciudad, estaba tradicionalmente poblada por comunidades de pescadores, oleros, traficantes de menudeo y trabajadores cuentapropistas que sobrevivían y antiguos vecinos, con una cultura propia, a espaldas de una ciudad que se había olvidado de mirar el río desde que los barcos y jangadas dejaron de llegar. Con la construcción de la Represa de Yacyretá, la subida de la cota y las obras de mitigación, estos pobladores fueron relocalizados, muchas veces por la fuerza, en barrios alejados de sus lugares de trabajo destruyendo un sistema de relaciones construido durante toda una vida que los dejó en orfandad. Muchas de estas decenas de miles de personas pasaron a formar parte de barriadas con carencias y problemas propios de la falta de trabajo, la precariedad y el abandono. El crecimiento de estas poblaciones, a lo que se sumó la migración desde la ruralidad que expulsa trabajadores y productores en beneficio de una brutal concentración de tierras, produce situaciones de ocupación y conflicto que desbordan la capacidad y la intención de los gobiernos y, pareciera ser, la indiferencia de los vecinos se está convirtiendo en prejuicioso rechazo. A su vez la costa, antes despreciada por los gobiernos y los ciudadanos urbanos, se transformó en fastuoso paseo, no exento de sobreprecios en su construcción, y apetecible botín inmobiliario para emprendimientos a los que los expulsados no están invitados.

¿Quién decide quienes pueden gozar de los derechos y quienes no? ¿Es legítimo que el estado defienda a un propietario de la tierra que no ocupa ni disfruta por sobre aquel que no tiene nada y pide un lugar donde radicarse? ¿Es necesario el uso de la fuerza para resolver estos conflictos cada vez mas comunes? Son preguntas que me golpean todos los días cuando cruzo la plaza 9 de julio de Posadas que, nuevamente, se está transformando en la plaza de los sin derechos, de los nadies.

La declaración universal de los derechos humanos y nuestra constitución, en el artículo 14bis, un triste consuelo después de la derogación de la revolucionaria constitución de 1949, nos dicen que los seres humanos tenemos derecho a una vivienda digna. No se cumplen estos imperativos, es el caso de las familias que en la plaza 9 de julio de Posadas piden, ruegan por un pedazo de tierra donde armar sus refugios y cultivar sus alimentos. Está probado que el texto bien intencionado no resuelve el problema de las personas por si mismo si no es por una sociedad sensibilizada y comprometida y un estado preocupado y ocupado. Es aquí donde no quedan excusas una vez conocida y comprendida esta realidad, es hora de tomar partido.